"¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Miércoles de la decimocuarta semana del tiempo ordinario
Leer el comentario del Evangelio por
San Jerónimo (347-420), sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia
Carta

Abandonarlo todo para recibirlo todo

    Hemos recibido más de lo que hemos dado; dejamos pequeñas cosas y encontramos bienes inmensos. Cristo devuelve cien veces más de lo que se hace por él: “Si quieres ser perfecto, ves, vende todo lo que tienes y da a los pobres el precio de lo vendido. Después, ven y sígueme”. “Si quiere ser perfecto” –las grandes cosas siempre las escogemos libremente. Es por eso que el apóstol no hace un precepto de la virginidad (1C 7), porque Jesús ha dicho: “¡La observa el que puede! Es un don que viene de la misericordia de Dios” (cf Mt 19,12). “Si quieres ser perfecto”; nadie lo impone a fin de que el sacrificio sea voluntario y el mérito, mayor. Y sin embargo, para llegar a la perfección no se trata simplemente de menospreciar las riquezas y dar los propios bienes, de liberarse de lo que se puede perder o adquirir en un momento. Esto es lo que han hecho los filósofos; un cristiano debe hacer más que ellos.

    No basta con dejar los bienes terrestres, es necesario seguir a Cristo. Pero ¿qué es seguir a Cristo? Es renunciar a todo pecado y adherirse a todo lo que es virtud. Cristo es la Sabiduría eterna, es este tesoro que se encuentra en un campo (Mt 13,44), en el campo de la Santas Escrituras. Es la perla preciosa por la cual es preciso sacrificar a otras muchas (Mt 13,46). Todavía más, Cristo es la santidad, la santidad sin la cual nadie verá el rostro de Dios. Cristo es nuestra redención, nuestro redentor; es nuestro rescate (1Tm 2,6). Cristo lo es todo: así pues, el que acepte dejarlo todo por él, todo lo encontrará en él. Éste podrá decir: “El Señor es el lote de mi heredad y mi copa” (sl 15,5)… No deis solamente vuestro dinero si queréis seguir a Cristo. Daos vosotros mismos a él; imitad al Hijo del Hombre que no ha venido para ser servido, sino para servir (Mc 10,45).



 
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