"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Martes de la décima semana del tiempo ordinario
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Serm√≥n atribuido a San M√°ximo de Tur√≠n (¬Ņ-c. 420), obispo

Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo

    El Se√Īor dijo a sus ap√≥stoles: "Vosotros sois la luz del mundo". ¬°Qu√© justas son las comparaciones que el Se√Īor emplea para describir a nuestros padres en la fe! Los llama "sal", a ellos que nos ense√Īan la sabidur√≠a de Dios, y "luz", a ellos que liberan nuestros corazones de la ceguera y las tinieblas de nuestra incredulidad.

    Con raz√≥n los ap√≥stoles reciben el nombre de luz: anuncian en la oscuridad del mundo la claridad del cielo y el esplendor de la eternidad. ¬ŅAcaso Pedro no se convirti√≥ en luz para el mundo entero y para todos los fieles, cuando le dijo al Se√Īor: " Tu eres Cristo, el Hijo de Dios vivo "? (Mt 16,16) y ¬ŅQu√© mayor claridad habr√≠a podido recibir el g√©nero humano, que saber por Pedro, que el Hijo de Dios vivo era el creador de esta luz?

    Y San Pablo no es una luz menor para que el mundo: mientras el mundo entero estaba cegado por las tinieblas del mal, ascendi√≥ al cielo (2 Corintios 12:2) y, a su regreso, revel√≥ los misterios del esplendor eterno. Por eso no pudo ocultarse, la ciudad fundada sobre una monta√Īa, ni se ocultarse debajo de la cama, porque Cristo, por la luz de su majestad, lo¬†¬†hab√≠a encendido como una l√°mpara de elecci√≥n, repleta del aceite del Esp√≠ritu Santo. Por lo tanto, amados m√≠os, al renunciar a las ilusiones de este mundo, estamos comprometidos a buscar el sabor de la sabidur√≠a de Dios, degustar la sal de los ap√≥stoles.



 
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