"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Memoria de san Bernabé, apóstol
Leer el comentario del Evangelio por
San Gregorio Magno (c. 540-604), papa y doctor de la Iglesia
Homil√≠as sobre el Evangelio, n¬ļ30 (Trad. ¬©Evangelizo.org)

¬ęSan Bernab√©, ap√≥stol que proclama que el Reino de los cielos est√° cerca¬Ľ (Trad. ¬©Evangelizo.org)

      ¬ę ¬ŅC√≥mo podr√≠a yo amar a alguien que no conozco?¬Ľ‚ĶSi no podemos ver a Dios, tenemos sin embargo otros medios para levantar el ojo de nuestro esp√≠ritu hasta √©l. Si no nos es posible verle en √©l mismo, podemos desde ya verle en sus servidores. Viendo que cumplen maravillas, podemos estar seguros de que Dios mora en ellos‚ĶNinguno de entre nosotros puede ver directamente el sol fij√°ndolo al momento en el que se levanta con todo su brillo, pues los ojos quedan deslumbrados al fijarlos en sus rayos. Pero miramos las monta√Īas que el sol ilumina, y vemos por esto que ya ha salido. De este modo, puesto que no podemos ver el Sol de justicia en √©l mismo (Ml 3:20), miremos las monta√Īas que su claridad ilumina, es decir los santos ap√≥stoles, que brillan por sus virtudes, que resplandecen por sus milagros‚ĶEn efecto el poder de Dios en √©l mismo, es el sol en el cielo; el poder de Dios extendido sobre los hombres, es el sol sobre la tierra‚Ķ

      Pero la condici√≥n para no tropezar en el camino sobre la tierra es amar a Dios y a nuestro pr√≥jimo con todo nuestro esp√≠ritu (Mt 22:37s)‚ĶEs por esto que el Esp√≠ritu ha sido dado a los disc√≠pulos en dos ocasiones: primero por el Se√Īor cuando viv√≠a en la tierra, luego por el Se√Īor cuando reinaba en el cielo (Jn 20:22; Hch 2). Nos es dado sobre la tierra para amar al pr√≥jimo, y del cielo para amar a Dios. Pero ¬Ņpor qu√© primero nos es dado sobre la tierra, y en seguida del cielo, sino para darnos a comprender claramente esta palabra de Juan: ¬ęquien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve¬Ľ? (1 Jn 4:20). De este modo hermanos m√≠os, apreciemos a nuestro pr√≥jimo; amemos al que est√° cerca de nosotros, para que nos sea posible amar a aquel que est√° sobre nosotros‚Ķ a fin de merecer disfrutar en Dios una alegr√≠a perfecta con el mismo pr√≥jimo.



 
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