"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Tercer Domingo de Pascua
Leer el comentario del Evangelio por
San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia
Comentario del Evangelio de san Juan (Trad. ©Evangelizo.org)

¬ę Miren mis manos y mis pies: soy yo¬Ľ

      Entrando en el Cen√°culo cuando todas las puertas estaban cerradas bajo llave, Cristo mostr√≥ una vez m√°s que es Dios por naturaleza, pero que no es tan diferente de aqu√©l que viv√≠a antes con sus disc√≠pulos. Descubriendo su costado y mostrando la marca de los clavos, manifestaba la evidencia de que levant√≥ el templo de su cuerpo que hab√≠a sido suspendido en la cruz (Jn 2:19), destruyendo la muerte f√≠sica, ya que por naturaleza √©l es la vida y es Dios‚Ķ

      Incluso si Cristo hubiera querido desplegar la gloria de su cuerpo ante los disc√≠pulos, antes de subir hacia el Padre, nuestros ojos no hubieran podido soportar verlo. Esto lo comprender√°n f√°cilmente si se acuerdan de la transfiguraci√≥n que hab√≠a sido mostrada antes sobre la monta√Īa (Mt 17:1s)‚ĶEs por esto que, con el fin de observar exactamente el plan divino, en el Cen√°culo nuestro Se√Īor Jes√ļs se aparec√≠a todav√≠a bajo la forma que ten√≠a antes, y no seg√ļn la debida gloria que le corresponde a su templo transfigurado. √Čl no quer√≠a que la fe en la resurrecci√≥n reposara sobre un aspecto y un cuerpo diferente de aquellos que hab√≠a recibido de la santa Virgen y en los cuales muri√≥ despu√©s de haber sido crucificado seg√ļn las Escrituras‚Ķ

      El Se√Īor saluda a los disc√≠pulos diciendo: ¬ę Paz a ustedes¬Ľ. De esta manera declara que √©l mismo es la paz, pues aquellos que gozan de su presencia gozan  tambi√©n de un esp√≠ritu perfectamente apaciguado. Es justamente esto lo que san Pablo deseaba a los disc√≠pulos cuando les dec√≠a ¬ę Que la paz de Cristo que es mayor de lo que se puede imaginar, les guarde sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jes√ļs¬Ľ (Fil 4:7). Para san Pablo, la paz de Cristo, que supera todo lo que podemos imaginar, no es otra que su Esp√≠ritu (Jn 20:21-22); aquel que participa a su esp√≠ritu ser√° colmado de todo bien.



 
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