"¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Lunes de la cuarta semana de Cuaresma
Leer el comentario del Evangelio por
Balduino de Ford (¿-c. 1190), abad cisterciense, después obispo
Homilía sobre la carta a los Hebreos 4,12 (Trad. ©Evangelizo.org)

“El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho.”

      â€œViva es La palabra de Dios” (He 4,12). Toda la grandeza, la fuerza y la sabiduría de la palabra de Dios, he aquí lo que por medio de estas palabras el apóstol muestra a aquellos que buscan a Cristo, palabra, fuerza y sabiduría de Dios. Esta palabra estaba en el principio junto al Padre, eterno con él (Jn 1:1). Fue revelada en su tiempo a los apóstoles, anunciada por ellos y recibida humildemente por el pueblo de los creyentes…

      Vive esta palabra a quien el Padre le ha dado de vivir en ella misma, como él la posee en ella misma (Jn 5:26). No solamente vive, sino que es la vida, como está escrito «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14:6). Y puesto que es la vida, ella vive y es vivificante porque así « como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere» (Jn 5:21). La palabra es vivificante cuando llama a Lázaro afuera de la tumba y le dice: « ¡Lázaro, sal afuera!» (Jn 11:43). Cuando esta palabra es proclamada, la voz que la pronuncia resuena al exterior con una fuerza que, percibida al interior, hace revivir a los muertos, despertando la fe, suscitando verdaderos hijos a Abraham (Mt 3:9). Si, esta palabra vive, vive en el corazón del Padre, en la boca del que la proclama, en el corazón del que cree y ama.



 
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