"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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miércoles 04 Abril 2018
Miércoles de la Octava de Pascua



Libro de los Hechos de los Apóstoles 3,1-10.
En una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde.
Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada "la Hermosa", para pedir limosna a los que entraban.
Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna.
Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: "Míranos".
El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo.
Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, lev√°ntate y camina".
Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos.
Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios.
Toda la gente lo vio camina y alabar a Dios.
Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada "la Hermosa", y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido.


Salmo 105(104),1-2.3-4.6-7.8-9.
¬°Den gracias al Se√Īor, invoquen su Nombre,
hagan conocer entre los pueblos sus proezas;
canten al Se√Īor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!

¡Gloríense en su santo Nombre,
al√©grense los que buscan al Se√Īor!
¬°Recurran al Se√Īor y a su poder,
busquen constantemente su rostro!

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Se√Īor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.

El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac.




Evangelio seg√ļn San Lucas 24,13-35.
Ese mismo d√≠a, dos de los disc√≠pulos iban a un peque√Īo pueblo llamado Ema√ļs, situado a unos diez kil√≥metros de Jerusal√©n.
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discut√≠an, el mismo Jes√ļs se acerc√≥ y sigui√≥ caminando con ellos.
Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: "¬ŅQu√© comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste,
y uno de ellos, llamado Cleof√°s, le respondi√≥: "¬°T√ļ eres el √ļnico forastero en Jerusal√©n que ignora lo que pas√≥ en estos d√≠as!".
"¬ŅQu√© cosa?", les pregunt√≥. Ellos respondieron: "Lo referente a Jes√ļs, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,
y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres que est√°n con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
y al no hallar el cuerpo de Jes√ļs, volvieron diciendo que se les hab√≠an aparecido unos √°ngeles, asegur√°ndoles que √©l est√° vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron".
Jes√ļs les dijo: "¬°Hombres duros de entendimiento, c√≥mo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
¬ŅNo era necesario que el Mes√≠as soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?"
Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jes√ļs hizo adem√°n de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se dec√≠an: "¬ŅNo ard√≠a acaso nuestro coraz√≥n, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?".
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
y estos les dijeron: "Es verdad, ¬°el Se√Īor ha resucitado y se apareci√≥ a Sim√≥n!".
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.






 
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