"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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lunes 05 Marzo 2018
Lunes de la tercera semana de Cuaresma



Segundo Libro de los Reyes 5,1-15a.
Naam√°n, general del ej√©rcito del rey de Ar√°m, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su se√Īor, porque gracias a √©l, el Se√Īor hab√≠a dado la victoria a Ar√°m. Pero este hombre, guerrero valeroso, padec√≠a de una enfermedad en la piel.
En una de sus incursiones, los arameos se hab√≠an llevado cautiva del pa√≠s de Israel a una ni√Īa, que fue puesta al servicio de la mujer de Naam√°n.
Ella dijo entonces a su patrona: "¬°Ojal√° mi se√Īor se presentara ante el profeta que est√° en Samar√≠a! Seguramente, √©l lo librar√≠a de su enfermedad".
Naam√°n fue y le cont√≥ a su se√Īor: "La ni√Īa del pa√≠s de Israel ha dicho esto y esto".
El rey de Arám respondió: "Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel". Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala,
y presentó al rey de Israel la carta que decía: "Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad".
Apenas el rey de Israel ley√≥ la carta, rasg√≥ sus vestiduras y dijo: "¬ŅAcaso yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un hombre de su enfermedad? F√≠jense bien y ver√°n que √©l est√° buscando un pretexto contra m√≠".
Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oy√≥ que el rey de Israel hab√≠a rasgado sus vestiduras, mand√≥ a decir al rey: "¬ŅPor qu√© has rasgado tus vestiduras? Que √©l venga a m√≠ y sabr√° que hay un profeta en Israel".
Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo.
Eliseo mand√≥ un mensajero para que le dijera: "Ve a ba√Īarte siete veces en el Jord√°n; tu carne se restablecer√° y quedar√°s limpio".
Pero Naam√°n, muy irritado, se fue diciendo: "Yo me hab√≠a imaginado que saldr√≠a √©l personalmente, se pondr√≠a de pie e invocar√≠a el nombre del Se√Īor, su Dios; luego pasar√≠a su mano sobre la parte afectada y curar√≠a al enfermo de la piel.
¬ŅAcaso los r√≠os de Damasco, el Aban√° y el Parpar, no valen m√°s que todas las aguas de Israel? ¬ŅNo pod√≠a yo ba√Īarme en ellos y quedar limpio?". Y dando media vuelta, se fue muy enojado.
Pero sus servidores se acercaron para decirle: "Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¬Ņno la habr√≠as dicho? ¬°Cu√°nto m√°s si √©l te dice simplemente: B√°√Īate y quedar√°s limpio!".
Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio.
Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: "Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor".


Salmo 42(41),2-3.43(42),3-4.
Como la cierva sedienta
busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira
por ti, mi Dios.

Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¬ŅCu√°ndo ir√© a contemplar
el rostro de Dios?

Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me gu√≠en a tu santa Monta√Īa,
hasta el lugar donde habitas.

Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Se√Īor, Dios m√≠o.




Evangelio seg√ļn San Lucas 4,24-30.
Cuando Jes√ļs lleg√≥ a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga: "Les aseguro que ning√ļn profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que hab√≠a muchas viudas en Israel en el tiempo de El√≠as, cuando durante tres a√Īos y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azot√≥ a todo el pa√≠s.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron
y, levant√°ndose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intenci√≥n de despe√Īarlo.
Pero Jes√ļs, pasando en medio de ellos, continu√≥ su camino.






 
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