"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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s√°bado 10 Febrero 2018
S√°bado de la quinta semana del tiempo ordinario



Primer Libro de los Reyes 12,26-32.13,33-34.
Pero Jeroboám pensó: "Tal como se presentan las cosas, el reino podría volver a la casa de David.
Si este pueblo sube a ofrecer sacrificios a la Casa de Dios en Jerusal√©n, terminar√°n por ponerse de parte de Robo√°m, rey de Jud√°, su se√Īor; entonces me matar√°n a m√≠ y se volver√°n a Robo√°m, rey de Jud√°".
Y después de haber reflexionado, el rey fabricó dos terneros de oro y dijo al pueblo: "¡Basta ya de subir a Jerusalén! Aquí está tu Dios, Israel, el que te hizo subir del país de Egipto".
Luego puso un ternero en Betel y el otro en Dan.
Aquello fue una ocasión de pecado, y el pueblo iba delante de uno de ellos hasta Dan.
Jerobo√°m erigi√≥ templetes en los lugares altos, e instituy√≥ sacerdotes de entre el com√ļn de la gente, que no eran hijos de Lev√≠.
Además, celebró una fiesta el día quince del octavo mes, como la fiesta que se celebraba en Judá, y subió al altar. Esto lo hizo en Betel, donde ofreció sacrificios a los terneros que había fabricado. En Betel estableció a los sacerdotes de los lugares altos que había erigido.
Despu√©s que sucedi√≥ esto, Jerobo√°m no se convirti√≥ de su mala conducta. Volvi√≥ a instituir como sacerdotes de los lugares altos a personas tomadas del com√ļn de la gente; todo el que lo deseaba era investido por √©l y se convert√≠a en sacerdote de los lugares altos.
Esto fue una ocasión de pecado para la casa de Jeroboám, y provocó su destrucción y su exterminio de la faz de la tierra.


Salmo 106(105),6-7a.19-20.21-22.
Hemos pecado, igual que nuestros padres;
somos culpables, hicimos el mal:
nuestros padres, cuando estaban en Egipto,
no comprendieron tus maravillas.

Luego, en Horeb se hicieron un ternero
y se postraron ante un metal fundido,
así cambiaron su Gloria
por la imagen de un toro que come pasto.

Olvidaron a Dios, que los había salvado
y había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam
y portentos junto al Mar Rojo.



Evangelio seg√ļn San Marcos 8,1-10.
En esos d√≠as, volvi√≥ a reunirse una gran multitud, y como no ten√≠an qu√© comer, Jes√ļs llam√≥ a sus disc√≠pulos y les dijo:
"Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer.
Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos".
Los disc√≠pulos le preguntaron: "¬ŅC√≥mo se podr√≠a conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?".
El les dijo: "¬ŅCu√°ntos panes tienen ustedes?". Ellos respondieron: "Siete".
Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud.
Ten√≠an, adem√°s, unos cuantos pescados peque√Īos, y despu√©s de pronunciar la bendici√≥n sobre ellos, mand√≥ que tambi√©n los repartieran.
Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado.
Eran unas cuatro mil personas. Luego Jes√ļs los despidi√≥.
En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.






 
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