"¬ŅSe√Īor, a qui√©n iremos?. T√ļ tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



!SUSCRIBIRSE!

Registra su correo (sin cargo)


Confirme su correo

















 
lunes 29 Enero 2018
Lunes de la cuarta semana del tiempo ordinario



Segundo Libro de Samuel 15,13-14.30.16,5-13a.
Cuando David recibió esta noticia: "Todos los hombres de Israel están de parte de Absalón",
dijo a todos sus servidores que estaban con √©l en Jerusal√©n: "¬°R√°pido huyamos! Si Absal√≥n se nos pone delante, no tendremos escapatoria. ¬°Ap√ļrense a partir, no sea que √©l nos sorprenda, que precipite la desgracia sobre nosotros y pase la ciudad al filo de la espada!".
David sub√≠a la cuesta de los Olivos; iba llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. Todo el pueblo que lo acompa√Īaba tambi√©n llevaba la cabeza cubierta, y lloraba mientras sub√≠a.
Cuando el rey llegaba a Bajur√≠m sali√≥ de all√≠ un hombre del mismo clan que la casa de Sa√ļl, llamado Simei, hijo de Guer√°. Mientras sal√≠a, iba lanzando maldiciones,
y arrojaba piedras contra David y contra sus servidores, a pesar de que todo el pueblo y todos los guerreros marchaban a la derecha y a la izquierda del rey.
Y al maldecirlo, decía: "¡Fuera, fuera, hombre sanguinario y canalla!
El Se√Īor hace recaer sobre ti toda la sangre de la casa de Sa√ļl, a quien t√ļ has usurpado el reino. ¬°El Se√Īor ha puesto la realeza en manos de tu hijo Absal√≥n, mientras que t√ļ has ca√≠do en desgracia, porque eres un sanguinario!".
Abisai, hijo de Serui√°, dijo al rey: "¬ŅC√≥mo ese perro muerto va a maldecir a mi se√Īor, el rey? ¬°Deja que me cruce y le cortar√© la cabeza!".
Pero el rey replic√≥: "¬ŅQu√© tengo que ver yo con ustedes, hijos de Serui√°? Si √©l maldice, es porque el Se√Īor le ha dicho: "¬°Maldice a David!". ¬ŅQui√©n podr√° entonces reproch√°rselo?".
Luego David dijo a Abisai y a todos sus servidores: "Si un hijo m√≠o, nacido de mis entra√Īas, quiere quitarme la vida, ¬°cu√°nto m√°s este benjaminita! D√©jenlo que maldiga, si as√≠ se lo ha dicho el Se√Īor.
Quiz√° el Se√Īor mire mi humillaci√≥n y me devuelva la felicidad, a cambio de esta maldici√≥n que hoy recibo de √©l".
David sigui√≥ con sus hombres por el camino, mientras Simei iba por la ladera de la monta√Īa, al costado de √©l; y a medida que avanzaba, profer√≠a maldiciones, arrojaba piedras y levantaba polvo.


Salmo 3,2-3.4-5.6-7.
Se√Īor, ¬°qu√© numerosos son mis adversarios,
cuántos los que se levantan contra mí!
¡Cuántos son los que dicen de mí:
‚ÄúDios ya no quiere salvarlo‚ÄĚ!

Pero t√ļ eres mi escudo protector y mi gloria,
t√ļ mantienes erguida mi cabeza.
Invoco al Se√Īor en alta voz
y √©l me responde desde su santa Monta√Īa.

Yo me acuesto y me duermo,
y me despierto tranquilo
porque el Se√Īor me sostiene.
No temo a la multitud innumerable,

apostada contra mí por todas partes.


Evangelio seg√ļn San Marcos 5,1-20.
Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
Apenas Jes√ļs desembarc√≥, le sali√≥ al encuentro desde el cementerio un hombre pose√≠do por un esp√≠ritu impuro.
El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas.
Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo.
D√≠a y noche, vagaba entre los sepulcros y por la monta√Īa, dando alaridos e hiri√©ndose con piedras.
Al ver de lejos a Jes√ļs, vino corriendo a postrarse ante √©l,
gritando con fuerza: "¬ŅQu√© quieres de m√≠, Jes√ļs, Hijo de Dios, el Alt√≠simo? ¬°Te conjuro por Dios, no me atormentes!".
Porque Jes√ļs le hab√≠a dicho: "¬°Sal de este hombre, esp√≠ritu impuro!".
Despu√©s le pregunt√≥: "¬ŅCu√°l es tu nombre?". El respondi√≥: "Mi nombre es Legi√≥n, porque somos muchos".
Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.
Hab√≠a all√≠ una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la monta√Īa.
Los esp√≠ritus impuros suplicaron a Jes√ļs: "Env√≠anos a los cerdos, para que entremos en ellos".
El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó.
Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido.
Cuando llegaron adonde estaba Jes√ļs, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que hab√≠a estado pose√≠do por aquella Legi√≥n, y se llenaron de temor.
Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos.
Entonces empezaron a pedir a Jes√ļs que se alejara de su territorio.
En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él.
Jes√ļs no se lo permiti√≥, sino que le dijo: "Vete a tu casa con tu familia, y an√ļnciales todo lo que el Se√Īor hizo contigo al compadecerse de ti".
El hombre se fue y comenz√≥ a proclamar por la regi√≥n de la Dec√°polis lo que Jes√ļs hab√≠a hecho por √©l, y todos quedaban admirados.






 
©Evangelizo.org 2001-2018