"¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Séptimo Domingo del tiempo ordinario
Leer el comentario del Evangelio por
San Cipriano (c. 200-258), obispo de Cartago y mártir
Los bienes de la paciencia, 15-16; SC 291

«Yo os digo, no repliquéis al malvado»

      Â«Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz.»(Ef.4, 2) Con esto enseña que no puede conservarse ni la unidad ni la paz, si no se ayudan mutuamente los hermanos y no mantienen el vínculo de la unidad, con auxilio de la paciencia...

      Perdonar a tu hermano que te ha ofendido no sólo setenta veces siete, sino todas las ofensas; que debes amar a tus enemigos, que debes rogar por los adversarios y perseguidores (Mt 5,39.44; 18,22) ¿Podrías acaso sobrellevar todos estos preceptos si no fuera por la fortaleza de la paciencia? Esto lo cumplió, según sabemos, Esteban: siendo asesinado... no pedía venganza para sus asesinos, sino perdón con estas palabras: Señor, no les tengas en cuenta este pecado (Hech 7, 60). Tal convenía que fuese el primer mártir de Cristo... no sólo se hiciese el pregonero de la pasión del Señor, sino su imitador en la inmensa mansedumbre y paciencia.

      Â¿Qué diré de la ira, de la discordia, de las enemistades, que no deben tener cabida en el cristiano? Haya paciencia en el corazón y estas pasiones no entrarán en él... El apóstol Pablo nos advierte de eso: "No entristezcais al Santo Espíritu de Dios... eliminad de vuestra vida todo lo que es amargura, ira, cólera, insultos" (Ef. 4,30-31). Si el cristiano escapa a los extravíos y a los asaltos de nuestra naturaleza caída, como de un mar en furia, si se establece en el puerto de Cristo, en la paz y la calma, no debe admitir en su corazón cólera ni discordia. No le está permitido devolver mal por mal (Rm 12,17), ni dar cabida al odio.



 
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