"¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Quinto Domingo del tiempo ordinario
Leer el comentario del Evangelio por
San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), presbítero, fundador
Homilía del 4/5/57 in Es Cristo que pasa, §§ 147, 148

«Brilla para todos aquellos que están en la casa»

     Llenar de luz el mundo, ser sal y luz: así ha descrito el Señor la misión de sus discípulos. Llevar hasta los últimos confines de la tierra la buena nueva del amor de Dios. A eso debemos dedicar nuestras vidas, de una manera o de otra, todos los cristianos. [...] La gracia de la fe no se nos ha dado para que esté oculta, sino para que brille ante los hombres...

      Quizás alguno se pregunte cómo, de qué manera puede dar este conocimiento a las gentes. Y os respondo: con naturalidad, con sencillez, viviendo como vivís en medio del mundo, entregados a vuestro trabajo profesional y al cuidado de vuestra familia, participando en los afanes nobles de los hombres, respetando la legítima libertad de cada uno. [...] La vida ordinaria puede ser santa y llena de Dios, que el Señor nos llama a santificar la tarea corriente, porque ahí está también la perfección cristiana.

      No olvidemos que la casi totalidad de los días que Nuestra Señora pasó en la tierra transcurrieron de una manera muy parecida a las jornadas de otros millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos, en sacar adelante las tareas del hogar. María santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor [...]. ¡Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor de Dios! Porque eso es lo que explica la vida de María: su amor. Un amor llevado hasta el extremo, hasta el olvido completo de sí misma, contenta de estar allí, donde la quiere Dios, y cumpliendo con esmero la voluntad divina. Eso es lo que hace que el más pequeño gesto suyo, no sea nunca banal, sino que se manifieste lleno de contenido. [...] Hemos de procurar ser como Ella, en las circunstancias concretas en las que Dios ha querido que vivamos.



 
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