"¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna." Jn 6, 68



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Día V dentro de la Octava de Navidad
Leer el comentario del Evangelio por
San Ignacio de Antioquia (¿- c.110), obispo, mártir, Padre de la Iglesia
Carta a los Romanos, 5-7

«Ahora Señor puedes dejar a tu siervo irse en paz»

     Hoy he comenzado a ser un discípulo. Que ninguna criatura visible o invisible me prive de unirme a Jesucristo... Aunque se abatan sobre mí los más crueles suplicios, sólo quiero alcanzar a Jesucristo... ¿Qué se me da a mí de las cosas suaves de este mundo y los imperios de la tierra? Es mucho mejor morir por Cristo que reinar hasta los confines de la tierra. Es a él solo a quien busco, al que murió por nosotros; es a él a quien deseo, al que resucitó por nosotros.

     Mi nacimiento se acerca... Dejadme abrazar la luz pura. Cuando la habré alcanzado, seré hombre. Aceptad que imite la pasión de mi Dios... Mi deseo terrenal ha sido crucificado, y ya no hay en mí fuego para amar la materia sino una «agua viva» (Jn 7,38) que murmura y cuchichea en mi corazón: «Ven al Padre». Ya no puedo saborear los alimentos perecederos o las dulzuras de esta vida. Estoy hambriento del pan de Dios, de la carne de Jesucristo, hijo de David, y como bebida quiero su sangre que es amor incorruptible.



 
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